El escenario, cualquier esquina de la ciudad. La víctima, un enorme cuerpo de hormigón armado y dos piezas de mobiliario urbano. El arma del delito, un inofensivo bote de pintura. Si fuese el planteamiento de una famosa teleserie policiaca, el puzzle hoy sólo tendría una solución: cerrar el caso. Fundido en negro y títulos de crédito.
La Concejalía de Atención Urbana quiere cambiar el guión. Está harta de tener que desembolsar más de 300.000 euros al año (a veces hasta 1.000 diarios) para acabar con este tipo de vandalismo urbano. Los programas que impulsa para institucionalizar los graffiti, como MurArt, han tenido un impacto en las cifras difíciles de medir, sobre todo por la juventud de la iniciativa. Y por su naturaleza: al fin y al cabo, el espíritu antisistema de las pintadas les impide nacer en un entorno controlado. Tanto, al menos, como para ser una solución completa a un problema esencialmente económico.
Así que a grandes males grandes remedios. Como en aquel episodio de Los Simpson en el que el alcalde Joe Quimby colocaba al durísimo Rex Banner tras la pista del barón de la birra, el edil de Atención Urbana, Andrés Llorens, ha anunciado que se dispone a incorporar a su equipo la figura del grafólogo forense, un técnico especializado en identificar firmas de pintadas y rastrear el brazo ejecutor del delito.
La medida permitirá crear un departamento de cuentas pendientes con graffiteros en serie, un archivo donde los más buscados se organicen en función de la recompensa que pende sobre sus cabezas. Recompensa, por cierto, que ellos mismos tendrán que pagar.
La idea es, como siempre, que “quien la hace la paga”, y no ha salido del Ayuntamiento de Alicante. Miembros del departamento de Atención Urbana se desplazaron la semana pasada a Sabadell, localidad pionera en Europa en implantar esta medida, para analizar todos los detalles. Llorens se ha llevado una excelente impresión de su eficacia, y está preparando el terreno para exportarla a Alicante con todas sus consecuencias. Para los artistas callejeros, se entiende. Se trata del proyecto más pintoresco de los que prepara la Concejalía para combatir las pintadas. El concejal se reserva el resto para cuando las tenga más avanzadas.
Por lo pronto, Atención Urbana ha presentado una campaña para informar al ciudadano de la nueva ordenanza municipal de limpieza. El proyecto se articula en dos iniciativas: por un lado, la colocación de 60.000 carteles en los portales y comercios de la ciudad; 30 vallas publicitarias; mupis en las principales arterias; y 10.000 folletos explicativos de la nueva ordenanza.
Por otro, con las actuaciones de la brigada chiflada, “una peculiar cuadrilla del servicio municipal de limpieza que recorrerá 50 plazas de diversos barrios de la ciudad” con el objetivo de concienciar a los ciudadanos de la necesidad de un comportamiento ejemplar en el ámbito de la limpieza urbana a través de minifunciones. Y, si la información no funciona, siempre quedarán las sanciones. Los graffiteros alicantinos podrán dar fe de ello.
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